La pelota de vóley


La edad arruga el cuerpo, renunciar arruga el alma.
– Douglas McArthur

Recuerdo que de tanto pedirle a mi padre una pelota para jugar o atacar el aburrimiento. Un día de esos que uno no espera se decidió y nos fuimos aun mercado cerca de mi casa y compro una 1Gaby, con aroma a nuevo. Él tenía la plena seguridad de que aprendería a jugar vóley y sería la mejor en ese deporte yo por mi parte solo quería complacerlo, meses antes mi madre me puso en una academia de vóley en la parroquia y allí durante las 26 clases que tuve, llore 20, porque todo me salía mal y mi padre que es un tipo de esos muy optimista me decía que lo importante era el esfuerzo y con eso tenía ganado el juego yo pensaba quiero jugar y ganar a esas gordas que tengo como rivales, pero me ganaba la rabia y la poca paciencia para aprender.

Así que termino el verano y quería tener una digna revancha para el próximo año con esos fines de ganar y reírme de ese niñas redondas por fin, ellas que cuando no iba mi padre me hacían muecas y me decían que solo era buena para traer la pelota, niñas gruesas como las odiaba deseaba intensamente que la pelota les caiga en el rostro y sientan dolor pero no sé porque a mí me terminaba cayendo la jodida esfera de jebe varias veces y no solo en el rostro sino en varias partes de mi cuerpo. El profesor un señor alto moreno de manos grandes y sonrisa de papa Noel embetunado, decía sin dolor no se aprende, creo que eso me predisponía a llorar cuando perdía con esas gordas.

Mi padre compro la pelota después de tres meses de insistencia bueno el me enseño que si se quiere algo hay que insistir y así también fue como me compraron la bicicleta. La pedí durante casi un año.
Pero lo que me olvide de pedirle con insistencia es que el juegue conmigo y que haga de sus palabras sobre la gran voleibolista un ejercicio continuo de día a día en el entrenamiento de manos que arden y pelota que vuela constante en el aire.

Nunca durante ese año jugamos, la pelota está toda marcada de suciedad así como cuando nos quema el sol donde no nos ponemos bloqueador, se encuentra en un rincón de la sala imagino con la esperanza de algún día ser usada y convertir a alguna persona en una voleibolista de las que hace equipo con Natalia Málaga, y lo gana todo y si no gana nos hace creer en la esperanza de que llegara el día de tanto insistir que ganemos y ganemos todos.
Ojala que mi padre en esta navidad no me compre un regalo sino me regale el tiempo para aprender a jugar y aceptar que se aprende cuando se pierde y se gana cuando insistimos.
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Por Vale.

No hay un salto gigante que lo consiga todo. Son un montón de pequeños pasos.
– Peter A. Cohen
1 pelota de vóley, marca peruana viniboll.

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Acerca de coaching para emprendedores

Coaching;¨Psicoterapeuta Gestalt;Consultor en Marketing de Redes Sociales.

Publicado el diciembre 21, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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